Soberbio es poco. Este edificio es una auténtica obra de arte, sobre todo su fachada, que consigue que hasta la persona con menos sensibilidad artística gire la cabeza si pasa por su lado.
Su interior, igualmente, es para quitarse el sombrero. Al margen de lo meramente arquitectónico, lo es sobre todo gracias a las propuestas culturales activísimas y de una calidad suprema que propone cada día (la verdad es que no esperaba menos de la Fundación La Caixa).
Si eres de los que pasan en absoluto del rollo cultureta, ve al menos a tomar algo en su cafetería.
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