Entras en el Dräkkar y te trasladas a la época de los antiguos vikingos (el garito recrea las antiguas embarcaciones que éstos utilizaban), por eso, yo prefiero meterme dentro, aunque su terraza invite a sentarse fuera.
En el interior del local cuentan con mesas en las que cenar comida muy especiada de aire árabe, marroquí, hindú, etc. y una zona algo más elevada en la que infinidad de pufs gigantes de colores rodean a mesas bajas. Es ahí (en ese ambiente tan informal que crea el hecho de estar sentado a ras de suelo con las piernas cruzadas entre cojines mulliditos), donde adoro tomarme unas cervezas mientras pico algo.
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