Ir a comer a la Manduka un domingo es sensacional. Bien en su terraza, situada a la puerta del restaurante, bajo el magnífico porte de uno de los edificios más encantadores de Santa Cruz, la Iglesia de la Concepción; bien en su interior, donde el aire industrial renovado y minimalista del local rompe por completo con la estética tradicional del barrio popular donde se encuentra ubicado.
La Manduka es tan cosmopolita como la comida que es posible comer allí. Recetas tradicionales de la cocina mediterránea son renovadas y muestran su lado más creativo, con una presentación exquisita en una vajilla blanquísima (desde aquí, aprovecho para mostrarme totalmente en contra del hecho de que estén de moda los platos negros. Seguramente, los principios de la colorterapia rechazan el acto de comer en platos de un color que no relaja. Vale que es elegante para un vestido de fondo de armario o un conjunto de ropa interior rabiosamente sexy, pero sólo para eso).
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