¡¡El mejor restaurante al que he ido nunca!! Sin lugar a dudas.
Llegas, aparcas el coche en un parking gratuito (está en la playa, alejado de todo, por lo que es difícil acceder) y de repente lo ves. Un edificio que se adentra en el agua. Tiene dos pisos, el de arriba es el mejor, porque las paredes son de cristal y puedes ver tanto Barcelona como el mar. Tiene su encanto tanto de noche como de día; de noche ves las luces de la ciudad y ves el agua del mar oscura, de día, en cambio ves el mar con total claridad.
Es un restaurante caro, pero vale la pena gastarse el dinero para estar en un sitio como este, romántico e inspirador. La comida está muy buena y las cantidades son abundantes. Los camareros son muy atentos sin ser pesados. Hasta hace poco no era un restaurante muy concurrido, pero recientemente es difícil tener una mesa sin reserva. Los mejores sitios están demandados...
Es perfecto para una cena romántica como para una comida de negocios o entre amigos. Quedarás como un señor@ ante aquél al que lleves a este local. Además, muy cerca hay dos chiringuitos en el que ponen música chill out y sirven copas y algunas cosillas para picar, un paso entre la cena y la discoteca si vas con los amigos.
Todo: la comida, la ubicación, las vistas,...
Que ahora cada vez va más gente y hay que reservar.
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