Fundamental: apreciar la carne de cordero. Un ambiente clásico casi medieval te empuja al disfrute de la carne preparada con mucho mimo, aunque sean grandes cantidades, pero bien jugosa, en su punto, que esté bien rica. Y qué decir de unas chuletitas, servidas en sus propias brasas, para comer justo al punto que más te guste. Para llevarse las sobras en el tupper.
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