Lo encontré casi por casualidad un día mientras hacía tiempo antes del comienzo de la tercera sesión en los Ideal. El lugar es muy pequeño, tiene tan sólo dos mesas. Lo más habitual es que te comas la pizza de pie al lado de los camareros que regentan el local: un argentino y un gallego (de Galicia, no español en el país sudamericano). Son muy agradables y cercanos y, si acudes un par de veces, hasta puedes hacer amistad con ellos. Pueden llegar a contarte, como me han hecho a mí, que ha recibido ofertas millonarias tanto por el local como por la receta de sus pizzas. Sin embargo, no les convence ninguna de las dos propuestas. El Trébol es su vida. Y la mía. Me trae buena suerte este restaurante. Muy recomendable.
Los platos y el ambiente.
El local es pequeño y puede resultar incómodo en ocasiones.
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