Este era uno de esos sitios donde nunca se encontraba una mesa libre, porque siempre estaba a reventar. Daba igual a qué hora de la mañana o del medio día fueras, siempre lo encontrabas a parir.
Esto siempre ocurría porque se comía muchísimo por muy poco dinero, y siempre con una calidad en la comida fuera de lo común en el centro de Valencia. Pero más recomendable era ir al Duero a almorzar, porque te podías tomar una cerveza, más unas tapitas y un café por muy poco dinero. Los calamares, las bravas o la salmuera eran simplemente exquisitas, no recuerdo haber probado nada igual. Y de la ensaladilla rusa mejor no hablar, porque era increíble, de esas que se te dejan un sabor sin igual.
Espero que pronto lo vuelvan a abrir, porque pienso volver a almorzar en él cada vez que esté en el centro de compras o porque sí.
El precio de cada consumición o tapa.
Siempre está a reventar.
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