Normalmente hay que pagar por entrar pero yo tuve la suerte de que me dieran un pase gratis con chupito, supongo que como el local es relativamente nuevo aprovechan para darlo a conocer cuando todavía no se ha llenado del todo.
Si digo que la decoración se basa en toreros de espaldas y peinetas gigantescas a lo largo y ancho de las paredes, cualquiera podría asustarse. Pero tranquilos, más de uno ni se habrá dado cuenta del detalle entre el barullo, pues no resulta para nada estridente ni hortera, sino más bien al contrario, moderno y sugerente.
Aún así, estos motivos tan españoles parecen atraer a bastantes guiris, que pueden acabar bailando como posesos encima de la tarima canciones de los 80’s- 90’s algo pasadas de moda, aunque la mayoría mucho mejores que las muy manidas actuales de cualquier otro local de Huertas.
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