Salir.com con Alejandro Amenábar
“Encontrábamos claras similitudes entre Alejandría y los tiempos que corren ahora”

Es una de las afirmaciones por las que Alejandro Amenábar nos invita a ver su producción más ambiciosa y la más cara del cine español. Después de su paso por Cannes –donde recibió duras críticas-, el director se somete ahora a la opinión del público general. Pero pase lo que pase, él ya se muestra satisfecho con el trabajo realizado. Atento, correcto y con una sonrisa en la boca, Alejandro Amenábar nos recibió en la habitación de un hotel en frente del mar para hablarnos de Ágora y de las enseñanzas que se pueden extraer de ella. Por si acaso, Amenábar nos advierte: “la historia puede volver a repetirse”. Y el que avisa no es traidor.
Hace poco tiempo salía publicado en los medios que el 40% de los americanos no creen en la teoría de Darwin. ¿Estas preocupado por que Ágora no funcione en ese gran mercado por su temática antirreligiosa?
Eso sabíamos que estaba ahí. Al contrario de lo que pasó con Los Otros, en el momento que decidimos hacer esta película se hizo sin la predistribución a EE.UU. y éramos conscientes de ello. Pero estoy contento de haberla podido hacer.
En todo caso, ¿era tu intención contar una historia sobre intolerancia religiosa o no?
No, yo quería hacer una película sobre las estrellas y transmitir un montón de sensaciones que tuve leyendo sobre astronomía, viendo la serie Cosmos de Carl Sagan… La astrología es algo muy aséptico e inflexible. De pronto descubres que no es más ni menos que intentar comprender dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Y me parece que no hay nada más importante, más interesante y más emocionante. Nos dimos cuenta de que contar la historia de lo que ha sido este rompecabezas durante más de 2.000 años no entraba en una película, así que había que reducirlo a un personaje y una época. Por eliminación contamos la historia de Hipatia.
Entonces, ¿qué te hizo escoger a Hipatia?
Todos los personajes de la historia como éste han tenido un conflicto con la fe, una tradicional fricción entre la fe y la razón. Básicamente porque la fe lo que nos enseña es que estamos en el centro del universo, que los dioses están pendientes de nosotros y que somos únicos. Mientras que la observación no demuestra lo contrario. Además, si analizas estos personajes en la historia, todos ellos han tenido conflicto con su fe. Pero justo uno de los personajes que por sus estudios no tuvo ninguno, aunque sí por una situación política y por la época que le tocó vivir, fue Hipatia. Ella representaba la cultura tradicional pagana que se estaba viniendo abajo por el auge del cristianismo y fue martirizada por un grupo de fanáticos religiosos. De ahí que la intolerancia sea también un tema importante en la película.
Hipatia fue martirizada por no vender sus ideales. ¿Sirve también para denunciar la situación de la mujer actual?
En Ágora hay un claro componente feminista y, aunque suene frívolo, a última hora cambiamos el despellejamiento por una lapidación, situación similar que viven muchas mujeres hoy en día. Pero no sólo eso, en este país por ejemplo todavía vemos a gente dispuesta a matar por sus ideas. Así que parece que la gente no ha cambiado tanto en este tiempo.
Hipatia es la gran protagonista, pero los dos personajes secundarios, Orestes y Davo, son realmente los que hacen avanzar la historia. ¿Cómo fue la elección de los intérpretes de estos personajes?
Orestes fue el personaje más complicado de escoger porque buscábamos a alguien que te pudiera dar ese estudiante algo alocado y tonto que insiste en declarar su amor a Hipatia y lo mezclamos con el personaje del Prefecto, por lo que debía ser alguien del que te creyeras todo ese arco. En ese momento, eran las elecciones en EE.UU. y Oscar Isaac decía que su referente era una especie de Obama frustrado, que seguramente intentó moderar y cuya voz fue apagada. También era alguien que no veía venir la jugada de ajedrez, que en definitiva es lo que se establece entre él y el obispo. Por otro lado, Davo es el único personaje inventado de la película, permitiéndote conocer el mundo de los esclavos y los parabolanos, los primeros cristianos. Aunque al principio no había pensado en este personaje para Max Minghella, me di cuenta de que le podía dar ese aire intelectual, un esclavo que sabe que podía ser un alumno más de Hipatia pero que por su condición no puede.

Cuando te planteaste hacer un film histórico, ¿qué fallos vistos en otras películas te planteaste no cometer?
Empezamos analizando peplum, género histórico, viéndonos las grandes producciones de David Lynch… Luego nos planteamos el diálogo, ver hasta dónde podíamos confiar en la palabra, la principal base de Ágora, pero intentamos reducirlo lo máximo. En otro sentido, la película es una vuelta atrás con decorados reales, sin planos digitales limpios y pictóricos donde las masas son millones y parece que no las puedes tocar. Por el contrario, preferíamos ver a los actores interactuando con el medio. De todos modos, intentamos olvidar y huir de las referencias cinematográficas haciendo un salto atrás en el tiempo. Es decir, grabarla como si la cámara hubiese viajado en una máquina del tiempo, como si se paseara por las auténticas calles de Alejandría y las mostrara de la manera más orgánica posible.
A la hora de abordar muchos enfrentamientos en la película, ¿por qué has decidido utilizar muchos movimientos de cámara y a mucha distancia?
Al plantearnos el guión y la manera de retratar la violencia en la película, intentamos encontrar el modo más dramático y socorrido posible, así que en lo primero que pensamos fue la cámara lenta. Pero precisamente, nos dimos cuenta de que eso te alejaba de la violencia y parece que cuando cuentas algo que ha sucedido hace 2.000 años todo adquiere un tinte épico y legendario. Como los personajes en nuestra película iban a ser aquellos que utilizaban la cabeza, decidimos resolverlo haciendo que aquellos que utilizaban las armas se convirtieran en insectos al mirarlos desde arriba. Es más, a veces vale más una mirada que te permite ver las cosas desde la lejanía para darte cuenta de lo que está pasando.
En una entrevista reciente tuya comentaste que a los que tiempos que vivimos prefieres llamarlos de desconcierto y cambio, más que de crisis. ¿Es por eso que decidiste realizar esta película ahora?
La principal razón era que encontrábamos claras similitudes entre Alejandría y los tiempos que corren ahora. Además, si te pones a analizar la historia de la Humanidad te das cuenta de que puedes cambiar el Imperio Romano por EE. UU., Alejandría por Europa, la religión pagana por la cristiana… Muchas de ellas coinciden y, una vez más, la historia se repite.
Te viste obligado a reducir el presupuesto de la película casi hasta la mitad, por lo que supongo que habrá cosas de Ágora que nunca veremos…
Al principio iba a ser un guión de 180 páginas, unas 3 horas de película y la he dejado en 2. Básicamente, he eliminado contexto histórico, como todos los detalles que llevan a la destrucción de la biblioteca. Una de las licencias que nos tomamos, y que podía haber sido cierta, es que en el guión original la biblioteca era totalmente arrasada al final de la primera parte y en la segunda el principal templo cristiano era el Cesáreo. De hecho, muchas crónicas hablan de que Hipatia fue asesinada en el Cesáreo, de modo que reconvertimos todo el decorado de la biblioteca en el gran templo cristiano. Como si ellos la hubiesen arrasado y reconvertido, lo que nos permitió ahorrar muchísimo dinero. Lo demás fueron decisiones sobre realización, construcción de decorados, etc. De hecho, fue una vuelta a los tiempos de Tesis, optimizando recursos y sacando el mayor partido posible de todo.
¿Ha sido Ágora la que te ha convertido definitivamente en ateo?
Creo que fue al terminar Mar adentro cuando me tuve que acabar de definir. Pero de todas formas ser ateo no creo que signifique no creer en Dios, sino simplemente no creer en ninguno de los dioses que he leído o me han presentado. Prefiero llamarle naturaleza.
Cambiando un poco de tema y dejando la película a un lado. No se si estarás al tanto del tebeo que acaba de publicar el crítico de cine Jordi Costa, Mis problemas con Amenábar. Supongo que alguien como tú debe estar acostumbrado a las críticas pero, ¿cómo sienta una tan visceral?
Hombre, cuando haces películas sabes que estas abierto a la crítica, pero en este caso es un crítico que se ha pasado al terreno de la creación. Así que le felicito y le deseo muchas suerte (risas).
Por último, ¿tendremos que esperar otros cinco años para tu próxima película?
Espero que no. (risas)
Mayo 27th, 2010 at 0:10
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