Salir.com acudió ayer a la presentación de El baile de la victoria en los cines Verdi de Barcelona, donde se encontró con gran parte del equipo de la película. El director Fernando Trueba y los actores Ariadna Gil, Abel Ayala y Miranda Bodenhöfer posaron para los medios y estuvieron hablando sobre la cinta, que ha sido preseleccionada por la Academia de Cine para representar a España en la próxima gala de los Oscar.
“En El baile de la victoria, Victoria, mi personaje, logra su victoria personal. A cualquiera le gustaría bailar en un teatro lleno pero a ella le da lo mismo si está lleno o si está vacío, solamente quiere bailar en el teatro de Santiago de Chile. Y cuando logra hacerlo es feliz. Ese es su gran triunfo.” Con estas palabras define Miranda Bodenhöfer al rol que interpreta en el último trabajo del premiado director Fernando Trueba: una película que habla de venganza, de afán de superación y, sobre todo, de amor.
El personaje de Victoria es el de una joven introvertida que, tras la pérdida de sus padres, decide no volver a hablar y expresarse mediante la danza. Un papel complicado que la joven actriz interpreta a la perfección. Salir.com tuvo la oportunidad de entrevistar a Miranda, una de las revelaciones de la temporada.
¿Cuál fue tu reacción cuando conociste a Fernando Trueba y en el momento de saber que eras la elegida para interpretar a Victoria en su última película?
Tras vernos la primera vez, no supe nada más de él durante dos años. Seguí mi vida, seguí viajando, estudiando ballet y después de dos años me dicen que se quiere poner en contacto conmigo; después de dos años llega un día al teatro. Mucha gente te dice que viene Fernando, que está por llegar, pero una piensa que seguramente no vendrá más. Pero sí, un día lo ví en el ensayo y pensé: “¡Qué nervios, efectivamente está acá!” Hablamos y me dijo que quería hacerme una prueba de cámara. Pasado un tiempo me preguntaron si quería hacer el papel.
¿Te habías planteado alguna vez ser actriz?
No, nunca. Mi mamá es actriz, mi hermana es actriz y mi papá se dedica al mundo del arte, pero ser yo actriz nunca me lo había planteado.
Es tu primer papel en cine y empiezas junto a actores de gran relevancia artística. ¿Cómo ha sido trabajar con Ricardo Darín y Ariadna Gil? ¿Qué has aprendido de ellos?
Bueno, son actores con mucha experiencia. Fueron fundamentales en mi trabajo y me dieron todo su apoyo. Con Ariadna no tuve la oportunidad de compartir ninguna escena, así que la conocí muy poco en el rodaje. Estuve muy poco con ella, pero con Ricardo sí y con Abel también. Abel tiene mucha experiencia: ha hecho 13 o 14 películas. Ambos me ayudaron mucho y me apoyaron. Me dijeron: “Tranquila, aquí vamos a estar contigo”.
¿Tuviste que preparar algo especial para interpretar tu papel?
Conversé mucho con Fernando y con el resto de los actores. Hablé mucho con mi mamá que me dio muchos consejos, pero más que nada con Fernando. Fernando me dirigía muy bien y tenía muy claro lo que quería.
¿Podrías decirnos algún consejo que te hayan dado que te haya marcado? ¿Alguno que recuerdes especialmente?
No sé decir uno en especial, pero hay muchos. Muchas veces me decían que me relajara en alguna secuencia o que en otra la podía hacer diferente, o algunas cosas de dimensiones que con la cámara uno no conoce y ellos, por la experiencia, ya saben cómo deben manejarse. Son cosas que tienen mucha lógica, pero uno no las piensa hasta que te las dicen. Ese tipo de consejos me ayudaron mucho.
Con tu compañero de reparto Abel Ayala te hemos visto en escenas de violencia y de rabia, y en otras escenas muy tiernas. ¿Cómo ha sido tu relación con él durante el rodaje?
Buena. Ha sido una relación muy apañadora. Nos hemos acompañado mucho y ha sido una relación que ha tenido de todo. Cuando uno está tres meses con un mismo equipo viéndolo todos los días (entre 11 o 13 horas diarias), es un equipo con el que uno arma una familia. Hay momentos en que uno llega de mal genio, triste, feliz, cansado… En las relaciones pasa de todo porque estamos mucho tiempo juntos. Pero Abel me ayudó mucho, así que estoy muy agradecida también a él.
En la película te hemos visto montar a caballo, bañarte en agua helada, en la cama con Abel… ¿Cuál fue la escena más complicada de rodar?
Yo creo que las de caballo. Para mí, físicamente son las que se rodaron con caballo. Las íntimas no fueron complicadas porque es otro tipo de dificultad. La dificultad física con el caballo es mayor. Se me había apretado el estómago por el terror a caerme y esa fue la que me costó más.
La escena cumbre de tu personaje es el baile en el Teatro Municipal de Santiago de Chile. Como bailarina profesional, ¿fue la escena en la que te sentiste más cómoda?
No, yo creo que todas las escenas tienen un desafío. Uno se puede sentir más cómodo en unas que en otras pero siempre hay cosas que te preocupan en cada escena. O siempre hay cosas que requieren más atención. Ésa fue una escena fuerte porque rodamos durante toda la noche y bailar durante toda la noche también tiene su lado fuerte.
¿Qué hay de Victoria en Miranda?
Ambas son bailarinas. Es el punto más en común. De carácter pueden haber cosas pero también Victoria viene de una realidad muy distinta a la realidad de la que yo provengo. En ese sentido, no somos parecidas. Pero el hecho de ser bailarina y estar loca como lo estamos las bailarinas ya es un punto en común.
Por último, una curiosidad. Recordemos que tu personaje es mudo. ¿Fue muy complicado interpretar un personaje sin hablar?
Fue complicado. Fernando quería una niña como más salvaje, más animal y con el hecho de que no habla fue un recorrido que tuvimos que hacer juntos. Yo también, por mi lado, busqué algunas cosas, me dio películas para ver y busqué las expresiones de la gente, el tipo de expresión.