Cuando entras en este local, tienes la sensación que has retrocedido mucho muchos años.
El interior es una reconstrucción perfecta de lo que eran los antiguos vagones de tren, todo en madera, y precioso. Incluso cuentas con revisor. Los camareros van vestidos como los revisores de aquella época, todo muy pintoresco.
La comida que puedes encontrar allí es un poco variada, jalapeños, pollo, ensaladas....está bien de precio
Pero es un lugar increíble.
Otra de las cosas interesantes de este lugar, es que ofertan cursos de cata de vinos.
Los camareros son muy majos.
A mí la verdad es que me gustó bastante, para ir a tomar algo en plan informal.
La ambientación
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