Esa es la primera palabra que se me viene a la cabeza cada vez que recuerdo el día en que vi por primera vez esta catedral. Situada en la plaza del Obradoiro, y punto final del recorrido del Camino de Santiago, esconde algo mágico, inexplicable y sobrecogedor. Es altísima, mucho más que cualquier otra que haya conocido, y su color oscuro y mohoso por la lluvia y el paso de los años le da un toque misterioso y auténtico. Sin duda el ambiente que se respira en esa ciudad y más aún en los alrededores de la catedral y en su propio interior es inigualable. Si quieres entrar tendrás que esperar un cola considerable, pero merece la pena si ya estás allí, y como curiosidad poder ver de cerca el famoso botafumeiro.
La magia que desprende.
El tiempo lluvioso, aunque eso contribuye a crear ese ambiente especial.
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