En Santiago todavía es económico salir a tomar vinos y degustaciones. Uno de nuestros sitios favoritos era este, el Belgo, un restaurante chiquito, muy chulo y con una terranza en la callejuela de atrás que en verano era la gloria. Las tapas son siempre de mejillones y siempre diferentes y el último viernes de cada mes puedes disfrutar de una degustación de mejillones. Una y otra vez van saliendo de la cocina fuentes y fuentes de tapas, y comes hasta que te hartas. Todo estaba riquísimo, muy casero, con sus salsitas... y si lo acompañas de un buen vinito, es lo mejor!
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