Desde hace poco, las tartas para las celebraciones se encargan en esta confitería. Además del sabor (inmejorable) la presentación es muy buena y ya sabemos que comemos más "con los ojos que con la boca".
Está en el barrio de Carolinas y merece la pena encargar la tarta allí porque el homenajeado comerá un trozo de tarta "aunque" la cifra de las velas vaya aumentando... y lo olvidará porque los sabores que tienen son riquísimos.
Eso sí, sin abusar que luego pasa lo que pasa...
Es una pastelería con solera y con una presentación en todo lo que ofrece que invita a entrar y llevarte algo. Atienden muy bien y de precio no te puedes quejar cuando te llevas una tarta decorada con tan buen gusto y encima con un sabor exquisito.