Cada año, un hecho me anuncia la llegada del verano: la Terraza Atenas inaugura la temporada y vuelve a abrir cada noche. Y con eso arranca la temporada estival, no con la apertura de las piscinas municipales, ni con los exámenes de junio, ni con la implantación de los puestos de helados en cada una de las manzanas de la ciudad.
La Terraza Atenas es una clásico de la noche veraniega en Madrid. Tanto que incluso se han subido un poquito a la parra y te cobran los cubatas a precio de discoteca más que al precio habitual del resto de terrazas de la humanidad.
Pero da exactamente igual, o al menos a mí, porque es un auténtico lujo. No sólo por su ubicación en un lugar con unas vistas de escándalo, sino porque es lo más parecido a estar de marchita en la playa.
Una pega: los pijos proliferan. No todo podía ser perfecto.
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