Si hay un lugar que me fascina de Zaragoza, ese es el Linacero Café, al que me encanta ir a cenar de picoteo siempre que me voy a la capital maña (si puedes, es mejor reservar con antelación).
Tanto las ensaladas como las tostadas son una exquisitez y es un sitio perfecto para, después de tomar algo, pedirte el primer cubata de la noche.
Sin embargo, lo mejor de Linacero es su historia (ocupa parte del local de la que fuera la tienda de discos más emblemática de Zaragoza y de ella toma, además su nombre) y su fabulosa decoración. Hay un traje de Enrique Bunbury, una guitarra de José Antonio Labordeta, carátulas de discos de grupos zaragozanos adornan las paredes, al igual que los carteles que anunciaban las actuaciones en la ciudad de artistas como Bob Dylan, Depeche Mode o Manu Chao. Pero lo mejorcito de todo son sus mesas, decoradas con una foto de algún concierto que tuvo lugar en Zaragoza junto a su respectiva entrada.
No te marches de Zaragoza sin venir a aquí. Lo lamentarás.
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