Dos veces he visitado este paradigma de los restaurantes cutres, y en ambas me he dicho: "Es la última vez". No es que servidor sea un aguafiestas, ni un semao, ni que se impresione porque le sirvan en un orinalito, es que sencillamente no me gusta la comida que hacen aquí. Lo de las "mariscadas a 12 euros", "menu de tapas a 10" que anuncian en un enorme letrero de la puerta me da ganas de salir corriendo, más que de aprovecharme del chollo.
El restaurante puede usarse para despedidas de soltero o de soltera, como dice Limón, que no tengan muchas pretensiones o sean deliberadamente horteras. Pero poco más.
Turistas y friquis, bienvenidos (hay mucha ambientación tipical spanish).
Pero para bien comer y para el colesterol, una cruz.
El personal de la casa es buena gente y hace sus numeritos y echa sus canciones con ilusión.
Los clientes escandalosos de algunas mesas...
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