La Copa América ha lavado la cara del viejo Puerto de Valencia, que se ha convertido, incluso, en zona de ocio. Allí se ha instalado una serie de restaurantes que por primera vez en la historia, apunta directamente a las dársenas y muelles en un ambiente tranquilo y acogedor, imposible de imaginar hace sólo una década.
Dunaport es uno de esos carísimos restaurantes, justo enfrente del edificio Veles i Vent. Las terrazas dan prácticamente al mar (a tres metros escasos, algunas mesas ni eso), nunca se llena del todo, y el maitre es un tipo que conoce perfectamente el oficio, y te aconseja con una pasión y una seriedad que se echa de menos en estos días en que los camareros de mucho sitios te tiran los cubiertos a la cara.
La carta es limitada, pero doy fe que casi todo está bueno; y doy fe porque fui a una cena con otras doce personas, y pedimos la mayoría de combinaciones posibles.
Muy buenos los entrantes (ay, la ensalada de bovagante) y los pescados, y exquisito el cochinillo. Vamos, que está todo de muerte. Además, sirven bastante rápido y tienen una buena bodega.
El restaurante está en un emplazamiento espectacular, especialmente en noches serenas.
Los precios son brutales. A poco que te descuides, te clavan 60 euros por persona.
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