Este es uno de los restaurantes más recomendables del distrito centro y sin lugar a dudas el mejor del entorno de Lavapiés.
El ambiente creado es magnífico, es un local bien diseñado pero sin estridencias ni excesos tan a la moda últimamente. Se puede mantener una conversación sin levantar la voz y no te enteras obligatoriamente de lo que hablan tus vecinos. Es un lugar tranquilo, relajado e informal. Amigos, parejas, negocios... abierto y recoleto al mismo tiempo.
La cocina es de mercado, hay platos de temporada, aunque se mantienen algunos platos, para mí ya, clásicos.
Yo recomendaría la ensalada de berros y salmón, los buñuelos de bacalao, el atún a la plancha, el risotto de boletus y parmesano o el solomillo con foie, en fin todos los platos de la carta están muy conseguidos, no hay riesgo en las recetas pero sí una ejecución y una materia prima sobresalientes. Un logro para estos tiempos tan "fashion" que vivimos. Los postres son caseros y sirven un flan de queso que lo llaman cuajada de San Ciprián fabuloso.
La carta de vinos es escueta pero con algunos vinos interesantes, no hay Riojas ni Riberas clásicos, pero sí Somontanos y Madrid, aquí se tiende a vinos modernos con precios asequibles.
El café es Illy y cuentan con una selección de licores de sobremesa de gran calidad.
Rara vez he comido o cenado en este lugar por más 30 de euros por persona, generalmente esto depende del vino.
Difícil de encontrar en Madrid una cocina como la que sirven, (delicada, sabrosa y abundante) al precio que la cobran.
Disfrutadlo.
La honestidad de la propuesta
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