El Bar Alfalfa mola mil.
Sirven tapas italianas: bruschettas (panes), quesos, lasagnas, embutidos... combinadas con recetas de otras partes del Mediterráneo: salmorejo, hummus, etc. Además de la carta hay platos del día para elegir entre mucha variedad.
Está decorado en plan tradicional (fachada y escaparates de madera, techos altos con vinos almacenados, utensilios rústicos, etc), pero no le faltan algunos detalles originales que lo hacen bastante acogedor.
Además, suele haber muy buen rollo entre parroquianos, conocidos y nuevos visitantes. De noche a veces ponen buena música (pop, indie, clásicos de rock n roll... siempre alegre) y parece mentira que un bar de tapas pueda ser tan divertido.
Y los precios, bastante justos para ser un bar tan céntrico con tanta calidad.
La única pega es que, como mola tanto, siempre está hiperlleno. Hay que echarle valor para encontrar un hueco en horas punta, y de sentarse ni hablamos.
Las bruschettas siciliana (mortadela y mozzarella) y roja (tomate seco, piñones y aceite), el provolone, el hummus...
Soy incapaz de encontrarle algo que no me guste.
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