No soy yo quien le ha puesto este eslógan... son ellos mismos. Se hacen llamar así. Quizá porque creen que pueden sobresalir del resto en cuanto a comodidad del local.
El sitio no está mal. No es muy grande y tiene una decoración popera bastante llamativa. Lo malo es que son esas paredes en las que el sonido rebota y como siempre está lleno, parece un mercado en hora punta más que un garito "gustoso".
Intimista, no es en absoluto. La carta está muy bien diseñada, aunque no suma más de diez cosas (aparte los postres).
La comida está bien, pero nada del otro mundo. Eso sí: la presentación es muy llamativa. Y la comida es rica.
Y ayyyyy, los precios. Estos sitios tan chics es lo que tienen, que por menos de 20 euros no cenas ni pan con tomate.
Llama la atención el mantel (que es una alfombrilla de ratón) y la cuenta que te la traen dentro de un DVD con marca de la casa (sin dvd, por supuesto, sólo la caja).
Después de las cenas hacen rollo chill out para tomar copas.
Ah, si no reservas, olvídate...
En conjunto el restaurante no está mal.
Es pequeño y ruidoso... y un poco carete.
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