Hacer la compra y salir de cañas todo en uno, ¿qué más se puede pedir?. Sólo una cosa, que el pinchillo fuese algo más sustancioso. Rodeada de jamones colgados por todas las paredes, la mezcla de trocitos de embutido sabe a poco (a poquísimo si te toca la mortadela) pero, por lo menos, ponen algo para bajar esas cañitas. Además, por lo general suelen tirarlas muy bien y no hay como amenizar la espera a la charcutería con una caña fresquita, sobre todo si por cada una te cobran menos un euro. Otro puntazo del local es que está situado muy cerca del Cine Doré así que siempre es una buena parada después de la sesión.
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