"Puente de Varsovia" está fechado en 1989, el año de la caída del Muro de Berlín. Si el look predominante en "Nocturno 29" era el de la alta burguesía sesentista, en este filme refulgen las imágenes de la nueva intelectualidad y de la amnésica clase política progresista europea. Pero bajo la superficie reluciente de eventos socioculturales espectaculares y de vida frívola en la Europa feliz se tensan las memorias de fracturas y cataclismos personales e históricos. Filmada con la misma pulcritud que el cine comercial coetáneo, "Puente de Varsovia" hace estallar el argumento en los mil fragmentos de un paisaje europeo roto por el retorno de la Historia. No resulta extraño que Godard rubricase dos años después un filme hermano, "Alemania nueve cero", explícitamente heredero del "Alemania, año cero" de Rossellini en la posguerra europea de 1947.
"Puente de Varsovia" es de esas películas en las que te queda pensando días después de haberla visto. Gira entorno a un periodista, el unificador de todas las historias. La fotografía de Barcelona es digna de admiración, y eso que se ha grabado en 1989. No sabemos por qué ha tardado tanto en ser distribuida, pero el cine es así de injusto, y ya se sabe que todo lo que se aleje de Hollywood tiene muy complicada su distribución. El director Pere Portabella hace de su cine un sueño, las imágenes parece que salen sin sentido, pero sólo hay que estar atento. Da gusto sentarse en la butaca y ver películas originales.