Desde luego en este sitio comer sí es un placer. El sitio es agradable, mesas cómodas y separadas, no te enterabas de lo que decía el de al lado, servicio atento pero sin agobios. íbamos con la niña y al pedir para ella nos ofrecieron medio solomillo para no tener que pedir una ración tan grande, lo cual es de todo un detalle ya que la mayoría de las veces tenemos que tirar la mitad de la comida, y además nos cobraron la mitad(del solomillo), gracias de nuevo. Los entrantes exquisitos en especial los "huevos rotos estilo Kupela" (deliciosos). El bacalao era mejorable, la carne estaba riquísima pero demasiado cruda (pedí que me la pasaran un poco y me la pasaron del todo). La pantxineta la mejor que he probado (he probado tres). Con respecto a los vinos, esta critica es general a todos los restaurantes de Madrid, ¿cuando van a desterrar la maldita leyenda urbana de que los vinos hay que tomarlos a temperatura ambiente Miren la etiqueta (entre 12 y 16 grados, dependiendo del vino) y no los 24 grados de la temperatura ambiente del restaurante ( si no está el vino cerca de la cocina que llega a los 35). Por favor, metan los vinos en cavas que tan calientes (los vinos) no hay quien se los tome. Despues nos invitaron a una botellita de licor, de agradecer.Y por último la cuenta: te invita a volver y pronto.
los entrantes, los postres y el servicio.
el vino bueno pero caliente (como en casi todos los sitios)
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