No es de los más veteranos de la zona, pero en poco tiempo el “Atlas” se ha convertido en todo un éxito. Por la tarde es un tranquilo bar de cafés, pero por la noche se transforma en un garito de copas donde nunca falta gente.
Pese a no ser demasiado grande (y hacer mucho calor) no es demasiado agobiante, cosa que sí pasa en otros sitios, y las copas no saben mal (nunca he oído hablar de garrafón aquí). De precio, lo de siempre, más bien alto, aunque en San Miguel todo es igual.
Otro punto a favor es que, a pesar de que el ambiente es un poco pijo, tampoco lo es demasiado y el portero no suele ser de los que tocan mucho las narices.
Buen ambiente.
Local pequeño, quizás demasiado.
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