Apenas lleva unos meses abierto, pero no hay duda de que la acogida ha sido excelente. No es para menos. Valladolid necesitaba un espacio para la cultura en condiciones, con amplias zonas para diferentes actos y, sobre todo, con unas instalaciones acordes a los nuevos tiempos. Con el Centro Cultural Miguel Delibes la ciudad ha saldado una deuda y lo ha hecho de la mejor forma posible, con un edificio impresionante, cerca de 5.500 metros cuadrados de superficie total, y unos medios técnicos totalmente a la última.
Pocas personas conozco que al visitarlo la primera vez no se hayan quedado con la boca abierta. Diseñado por Ricardo Bofill (padre, por suerte), en su interior hay una serie de zonas independientes donde se celebran los diferentes actos: música, representaciones, exposiciones… la zona dedicada al auditorio es increíble, toda ella en madera, y con capacidad para 1.700 personas, bien acomodadas y sin ningún tipo de agobio. Además, el Centro también es alojamiento de la Escuela de Arte Dramático y la de Danza que han pasado de estar en condiciones precarias a contar con unos medios con los que antes soñaban.
La programación de momento es bastante completa, aunque siempre es mejorable. Está claro que con el tiempo se mejorarán los diferentes actos que se llevarán a cabo aquí, pero de momento, los que hay, pueden considerarse muy adecuados. Además, de precios, están bastante bien, con posibilidad de adquirir abonos (por ejemplo, para ver a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León) a un coste bastante económico.
Por último, no hay que olvidar el tema de los accesos, pues aunque no está en la zona centro de la ciudad, es muy fácil acceder al edificio, ya sea en autobús o en coche (el aparcamiento es gigante).
En definitiva, un espacio cultural impresionante y a la altura de ciudades mucho más importantes. Ha tardado en llegar, pero Valladolid se lo merecía.
Instalaciones espectaculares.
No hay nada malo.
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