Tranquilo y sin grandes pretensiones. Este local no busca más que ser refugio de todo aquel que quiera disfrutar de un cafetito a media tarde, aunque eso sí, sin estar acompañado del humo del tabaco. Aquí no se puede fumar y por la gente que hay, parece que es algo que no importa demasiado.
Tienen una variedad razonable de cafés y creo que no se puede beber alcohol (aunque no estoy seguro), pero lo mejor es la atención con la que te sirven, simplemente inmejorable. Mucha amabilidad, que nunca sobra, para un local que tiene en su tamaño su mayor enemigo, pues hay muchas veces en las que se queda demasiado pequeño y apenas si entras. Por lo demás, una agradable opción para “cafetear” sin prisas.
Lugar acogedor.
Demasiado pequeño.
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