Los que somos golosos lo tenemos claro: pocas cosas hay mejores en esta vida que un buen dulce. Y en ello son especialistas en esta confitería. Vaya si lo son.
Situada muy cerca de la Plaza Circular, la fama de Pastelería Gregorio es ya muy grande. Cambiaron de dueños no hace demasiado tiempo, pero aún así se conserva la calidad de sus populares pasteles y tartas. Los mejores, para mi gusto, son los pequeñajos. Esas joyitas de azúcar y crema que hacen que tu paladar disfrute como un enano. También destacan sus lazos (ochos en otros sitios), tremendamente deliciosos y con una crema pastelera de esas que enloquecen. Realmente todo está excelente. Sus tartas también son una verdadera locura (las de nata, sencillamente impresionantes). No es de extrañar que tengas que encargarlas la mayoría de las veces porque se las quitan de las manos (y no hablo de las enormes colas que se montan en la puerta en festividades destacadas…)
Lástima el precio, pues no es cara en comparación con otras confiterías, pero sí es cierto que este tipo de productos tienen un coste caro. Lo bueno se paga ¡qué se le va a hacer!
Calidad de los pasteles.
Precio alto, como en casi todas las pastelerías.
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