Lo sé. No soy nada objetivo cuando hablo de mi ciudad. Soy vallisoletano “hasta las trancas” y siempre que puedo presumo de ello. Me encanta Valladolid y aunque sé que objetivamente no es la mejor ciudad de España, para mí sí lo es.
Mucha gente dice que se trata de una urbe algo oscura. Pero no es verdad. La capital del Pisuerga está llena de grandes rincones, de esos que te ponen los pelos de punta por su belleza. Y la Plaza Mayor, sin duda, es uno de ellos.
Reconstruida tras el incendio que asoló a la ciudad en el siglo XVI, el aspecto que presenta hoy es impresionante. De hecho, a finales de los 90 se “modernizó” recuperando parte de su imagen antigua y el resultado fue un conjunto precioso donde el rojo y el gris predominan.
El Conde Ansúrez la preside y su mirada sirve de guía al visitante. Todo ello custodiado por un Ayuntamiento de histórica fachada que ya roza la centena de años. Sencillamente, impresionante. Aún no conozco a nadie que me haya dicho que no es bonita. Y es que no es la preciosidad de la plaza de Salamanca, pero en su estilo, la de Pucela, “mi Pucela”, es de las más acogedoras y llamativas que he visto. Y lo digo con orgullo.
Su historia, el ambiente, las sensaciones que se perciben...
¡No vivo en ella! :)
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