Categorías: Cocina casera , Cocina mediterránea , Cocina tradicional
senecor
13-08-2008 11:11
En un lugar de la calle colón paseaba un día tranquilamente con mi mejor amigo Lucas "el pato" contemplando las maravillas que algunos arquitectos valencianos nos han dejado como presente.
Nos entró una hambruna de esas que dejan tuerto a un pobre y no sabiendo hacia dónde dirigir nuestro ligeros pies calzados con zapatillas de deporte, nos detuvimos ante el portal de, a nuestro parecer, de una especie de fonda denominada El Romeral, lo supimos porque en su puerta lucia un enorme cartel que así se hacia llamar.
Embaucados por esa deliciosa aroma a sesos rebozados, nos adentramos en este misterioso lugar, con el pretexto de que nos dieran algo para comer, pues hacía calor allí afuera y el hambre apremiaba cada vez más. Cuan grande fue nuestra sorpresa que sin apenas mediar palabra, un elegante caballero vestido de blanco nos saludó amablemente preguntándonos si éramos dos; nos sorprendió la agudeza matemática del nombrado caballero y nos preguntamos si no sería aquel lugar un punto de encuentro de bulliciosas e inquietas mentes privilegiadas.
Nos sentaron en una mesa, junto con otros invitados de edades más avanzadas a las nuestras. MIentras esperábamos nos trajeron algo para leer, una especie de carta gastronómica con cifras en su margen derecho. De entre aquella variedad de manjares nos pidió el caballero amable que eligiéramos y aquello nos congratuló aún más, era como una carta de los deseos. Deseábamos toda la carta, pero como no queríamos que nos tomaran por equinos muertos de gula, pedimos como entrantes anchoas caseras y gambas al ajo con su ración de pan; a continuación y de nuevo a petición del caballero de blanco, pedimos como plato principal una zarzuela de marisco y rodaballo a la plancha, "que afición al pescado"- pensé-. Tras degustar todos estos manjares y apunto de reventar en dos, se nos volvió a acercar el servidor caballero preguntándonos si íbamos a tomar postre. "Y por qué no"- pensamos- Aceptamos la amabilidad de la casa y nos sirvieron un gelatinoso flan de huevo que bien merecía los aplausos del coliseo de Roma. Tras degustar satisfechos los deliciosos manjares, le pedimos al caballero de blanco que nos acompañara a la puerta, pues ya había llegado la hora de marcharse, y este, nos hizo un ademán de espera diciéndonos que nos traería la cuenta enseguida.
Pensamos que sería interesante llevarnos una cuenta de aquel genuino hombre. Al par de minutos nos depositó un papel con varios números y con los nombres de los manjares que habíamos degustado...entonces caímos en la cuenta de que era un jeroglífico que teníamos que adivinar y tras un par de minutos pensando conseguimos acertar con el enigma: eran 30E por persona la mitad de 60E que correspondía exactamente a nuestra edad...qué maravilla, habían adivinado nuestra edad en euros, simplemente apuntando lo que habíamos ingerido en una hora y media!! Nos pareció realmente cosa de brujería...
Los las gambas al ajillo
MUY CARO
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