Se lo recomendaron en la embajada a una visita comercial de mi padre, y les gustó tanto que volvimos poco después para celebrar el cumpleaños de mi madre.
El trato fue exquisito (la encargada incluso nos resolvió dudas sobre su cultura), y la comida estupenda. Se puede tomar cerveza india, y el menú degustación es muy completo.
La atención recibida, hasta el punto de que recordaban que mi padre no comía picante (un mes después) y nos adaptaron el menú degustación, tanto en este sentido como a la hora de añadir piezas a algunos platos para que mi hermana, que había decidido pedir un plato por separado, también pudiera probarlos.
La decoración es fantástica, pero el espacio está tan bien aprovechado que en ocasiones sientes que la gente de al lado está comiendo contigo. Afortunadamente, no parece tener mucha clientela.
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